La toma de la Fábrica de Pólvoras de Villa María, ocurrida el 11 de agosto de 1974, fue incorporado como episodio en el video de “Memoria Completa” que la Casa Rosada publicó este 24 de marzo, cuestionando el relato sobre la memoria histórica construido desde 2003, al que calificó de parcial y financiado con fondos públicos.
A través de testimonios de una nieta restituida y del hijo del coronel Argentino Larrabure, secuestrado en esa acción del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), el video reivindica a víctimas que, según el gobierno, quedaron fuera de la narrativa oficial año atrás.
El mensaje cierra con un llamado a la unidad nacional y a una memoria que incluya todas las formas de violencia política de los años ’70.
La toma de la fábrica de Villa María en “Memoria Completa”
Arturo Larrabure, hijo del militar que se desempeñaba por entonces en la Fábrica de Pólvoras de Villa María, recordó el secuestro y asesinato de su padre a manos del ERP en 1974.
El militar fue retenido 372 días y murió estrangulado, según la autopsia.
Su familia reclama memoria, verdad y justicia para las víctimas del terrorismo.
El testimonio de Arturo Larrabure revive el cautiverio y asesinato de su padre a manos del ERP, el caso emblema de las víctimas del terrorismo en Argentina.
“Prefiero la muerte”
Arturo Larrabure, hijo del coronel Argentino del Valle Larrabure, dio un testimonio público sobre el secuestro, cautiverio y asesinato de su padre a manos del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

El caso representa uno de los episodios más dolorosos entre las víctimas del terrorismo en Argentina: 372 días de cautiverio en condiciones infrahumanas, torturas, y una muerte que el ERP intentó disfrazar como suicidio.
El coronel Larrabure tenía 42 años cuando fue secuestrado en Villa María, el 11 de agosto de 1974, durante el asalto armado del ERP a la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos.
Era ingeniero químico y se desempeñaba allí como especialista.
Esa noche, más de 100 guerrilleros armados coparon las instalaciones.
Hubo muertos, heridos y dos secuestrados: el capitán García —quien intentó escapar y fue acribillado— y Larrabure.
Un cautiverio de 372 días
Larrabure fue trasladado a distintas “cárceles del pueblo”, celdas subterráneas de apenas un metro y medio de ancho escondidas bajo casas particulares.
Su último destino fue Rosario, donde fue alojado en el llamado “pabellón Tetamanti”.
Las condiciones eran extremas.
Asmático, debía soportar filtraciones de agua cuando llovía.
Sufrió torturas, simulacros de fusilamiento y aplicación de corriente eléctrica.
Cuando logró ver el rostro de sus captores, fue encadenado al camastro.
“Perdió 48 kilos de peso”, recordó su hijo. “Trato de prisionero de guerra y caballeresco no había nada.”
Los captores intentaron adoctrinarlo.
Él pidió libros de matemáticas, física y química.
Las cartas y el mensaje de perdón
A pesar del aislamiento, Larrabure logró comunicarse con su familia mediante cartas.
En una de ellas, del 22 de octubre de 1974, escribió a sus hijos: “Aún suceda lo peor, no deben odiar a nadie, devolver la bofetada poniendo la otra mejilla.”
En su diario íntimo dejó también una súplica:
“Mi palabra es breve, sencilla y humilde, se trata de perdón, y que mi invocación alcance con su perdón a quienes están sumidos en las sombras de ideas exóticas foráneas.”
Cuando el canje propuesto por el ERP —cinco presos terroristas por su libertad— fracasó por la negativa de la presidenta Isabel Martínez de Perón a recibir a su esposa, el grupo guerrillero le ofreció trabajar como asesor técnico a cambio de la liberación.
Larrabure rechazó la oferta con una frase que quedó grabada en la memoria de su familia: “A ese precio no, prefiero la muerte.”
El asesinato y la verdad forense
El cuerpo de Larrabure fue encontrado en un zanjón de Rosario. El ERP sostuvo que se había suicidado.
Pero los peritos forenses determinaron por unanimidad que había sido estrangulado con un alambre desde atrás. Además, tenía 3,26 gramos de alcohol en sangre —nivel de coma alcohólico—, lo que hacía imposible cualquier movimiento voluntario.
Las víctimas del terrorismo en Argentina
Arturo Larrabure lleva décadas reclamando que la historia de su padre —y la de miles como él— sea reconocida públicamente.
“En 2003 descubrí que la historia que yo conocía nadie la conocía, no se podía contar en las escuelas”, afirmó.
Ese año comenzó a escribir el libro Un canto a la patria.
“Hay más de 20.000 víctimas del terrorismo en la Argentina que no han tenido ni reparación, ni verdad, ni justicia, ni memoria”, denunció.
Su llamado final fue a la reconciliación:
“Eduquemos en la verdad a nuestros jóvenes. Solo educar en la verdad construye un país mejor.”
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