El femicidio de Delfina Aimino fue cometido en la madrugada del 1° de enero de 2026, cuando la joven de 22 años fue asesinada por Tomás Ariel Mulinetti, de 23.
Eliana Becerra, madre de la víctima, apuntó directamente a quienes, según ella, pudieron evitar la tragedia: el sistema educativo, policial y judicial que ignoró durante años las señales de violencia del acusado.
“Él salió a matar”, afirmó Becerra en una entrevista con Villa María VIVO. “Salió con una navaja. Si no era Delfina, era cualquier otra chica”, remarcó.
Una historia de alertas ignoradas
Según relató la madre, Mulinetti registraba antecedentes de conductas violentas desde su etapa escolar.
Aseguró que fue expulsado de más de un establecimiento educativo, siempre por la misma razón, y en cada caso obtuvo vacante en otra institución sin que mediara ningún proceso de contención o seguimiento.
El testimonio más impactante que recogió Becerra fue el de una docente que sufrió en carne propia esa violencia:
“Una maestra de tercero o cuarto grado me dijo que tenía hecha una denuncia en la policía porque él la había atacado a trompadas. Nadie escuchó. Nadie escuchó que este ser tenía problemas”.
Para Eliana, ese patrón de omisiones hace que el crimen sea, en sus propias palabras, “totalmente predecible”.
“La justicia me respondió, pero eso no me devuelve a Delfina”
A medio año del crimen, la investigación avanza con velocidad. El secretario del fiscal René Bosio, Pedro Diana, se comunicó varias veces personalmente con Becerra para poner la fiscalía a disposición de la familia. La causa, según adelantó, ya tiene prácticamente todo resuelto en apenas seis meses.

Pero la celeridad judicial no mitiga el dolor. “Eso me recuerda que yo no tengo a Delfina”, repitió dos veces durante la entrevista.
El acusado, según razona la mujer, habría comenzado a planear el crimen desde Navidad.
Esa noche del 31 de diciembre de 2025 estuvo en contacto con la víctima y con otras jóvenes hasta las 2:30 de la madrugada.
Mientras su hija permanecía abandonada en un descampado, el acusado se fue a dormir y a comer a la casa de su abuela.
Un pedido que va más allá del caso
Eliana Becerra cerró la entrevista con un llamado urgente a las instituciones.
“Por favor, los alertas. Desde un jefe que va delegando hacia abajo, nadie termina de cumplir su tarea. Hay psicopedagogas que no están ni veinte minutos y se van. ¿Qué tenemos que hacer?”.

Su mensaje apunta a construir circuitos reales de detección temprana de violencia en escuelas y organismos de seguridad, donde las denuncias no queden archivadas sino que deriven en intervenciones concretas.
“Este dolor es inexplicable. Es el dolor de una mamá que pierde a un hijo de esta forma, siendo predecible. Que no haya más”, pidió.
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