En plazas y semáforos de Villa María, Baquetita, el personaje de Román, regala risas y vende alfajores, tras un largo camino de transformación personal.
Román Molina tiene 33 años y acaba de regresar a Villa María después de pedalear durante 17 meses por rutas de Argentina y Bolivia.
En su viaje no solo descubrió paisajes, sino también una nueva manera de vivir: con alegría, entrega y amor por lo simple.
Hoy, bajo el personaje de “Baquetita”, reparte sonrisas en semáforos y plazas, y sueña con llenar de música a los barrios más humildes.
Una historia de superación y un viaje para encontrarse
El camino de Román no fue fácil. Durante años luchó contra la obesidad, pesando 140 kilos.
El ciclismo y la música lo ayudaron a cambiar su cuerpo, pero también su cabeza.

“Fue un cambio emocional más allá de lo estético”, cuenta. Con apenas $3.600 en el bolsillo, salió en su bicicleta desde Villa María con un objetivo claro: encontrarse.
El nacimiento de Baquetita
Así nació “Baquetita”, un personaje entre gaucho y payaso, con bombo en mano y alma generosa.
Recorrió más de 5.000 kilómetros y vivió experiencias únicas: trabajó en comunidades del norte, aprendió a construir con adobe y pircas, cuidó casas, tocó en plazas y bares.
“Fue más que pedalear: fue un aprendizaje. Hay muchas formas de vivir y muchas cosas por valorar”, reflexiona.

El regreso: semáforos, talleres y magia
Hoy Román volvió a Villa María, y su misión sigue viva. En el Parque de la Vida, en semáforos y espacios verdes, aparece con su sombrero, su bombo y su risa.
Vende alfajores y hace malabares, pero su objetivo va más allá de lo económico: “Que nadie se quede sin una sonrisa”.
Además, está organizando talleres de percusión corporal para niñas y niños bajo el nombre Percusión por una carita feliz.
Serán a voluntad, porque “la plata no debe ser un impedimento para acceder al arte”, asegura.
Próximamente anunciará fechas en sus redes: @biciboy12 en Instagram y Román Molina en Facebook.
Baquetita y un mensaje que deja huella
Román transforma su historia en energía para los demás.
“La magia existe. Lo aprendí después de pasar por momentos muy oscuros. Vos das amor, recibís amor. Si cambiás la queja por gratitud, todo empieza a mejorar”, dice.
Y mientras tanto, sigue andando con su bici, su bombo y sus sueños.
Porque para él, generar una sonrisa vale más que cualquier moneda.
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