A 35 años del peor desastre nuclear, la villamariense que recorrió Chernobyl

Hoy se cumplen 35 años del desastre nuclear de 1986 en Chernobyl, que llevó a la muerte a 31 personas, implicó el desalojo de más de 130 mil y dejó múltiples consecuencias por la radiación.

La villamariense, María de los Ángeles Lasa, pudo visitar el lugar en 2019, tomó fotografías y contó a Villa María VIVO sobre su recorrido.

Desastre nuclear en Chernobyl

Desde muy joven, 12 o 13 años, María de los Ángeles Lasa tiene una obsesión con la historia del mundo soviético. Esto marcó su vida para siempre. Estudió Relaciones Internacionales y recorrió más de 45 países.

Para ella, Chernobyl fue la antesala del colapso de la Unión Soviética y anticipo la desidia burocrática. Después de leer, estudiar y revisar todo sobre este acontecimiento, su viaje soñado se materializó en 2019, a los 33 años.

De Paris a Kiev

Desde París a Kiev, asi comenzó su viaje hasta llegar a Chernobyl. Los ciudadanos argentinos no necesitan visa para viajar a Ucrania y la visita a Chernobyl se debe realizar si o si con un tour.

El viaje es desde Kiev hasta la zona de exclusión, un área aislada a 30 km alrededor de la central nuclear. Es un viaje de dos horas y está pegada a la frontera con Bielorrusia.

“Se llega a las 8:30 hs al checkpoint de ingreso a la zona de exclusión. Entre esos trámites, te cuelgan un detector de radiación en el cuello y si uno quiere, podes contratar un dosímetro, que es un detector de radiación para medir la radiación que hay en la zona de exclusión”, relató.

“Después de colgarte el detector, te hacen pasar por un detector de radiación. Cada dos horas tenes que atravesar uno para ver si tenes radiación. Además, te hacen firmar un documento legal en el que no se responsabilizan si vos no seguís las instrucciones”.

Luego, comienza el recorrido dentro de la zona de exclusión en una traffic. El ingreso de personas por día está limitado y es controlado por el gobierno.

El orfanato

“Lo primero que visitas es Zalissya, un pueblo abandonado, es un pueblo tomado por el bosque y a pocos metros hay un orfanato. El pueblo no está contaminado pero lo que si sorprende es que hay muchísimo silencio. Está todo tomado por vegetación”, detalló.

Orfanato abandonado en Zalissya.

En el pueblo, hay un reconocido orfanato, dónde los militares limpiaban sus autos cuándo ocurrió la catástrofe. Si bien la ciudad no está radiada, el agua que quedó depositada allí si. El orfanato es la primera zona altamente contaminada que recorren los turistas.

Duga 3

La visita continua con la llegada al Duga 3, era un escudo antimisiles que operó desde 1976 hasta 1989. Esta a 10 km de la central nuclear.

Se lo conoce también como “Pájaro carpintero”, porque emitía una señal de onda corta similar a los golpes que hacen esos pájaros cuando pican la madera.

El complejo del Duga-3, con 300 mts. de altura, fue una instalación militar completamente secreta.

Sobre esto, María de los Ángeles, contó: “Es muy impresionante. Es un pasillo sin fin, todo abandonado, tomado por vegetación. De repente salís y lo ves, no lo alcanzas a ver todo por que mide más de 300 metros. Es monstruoso. Era un complejo militar secreto”.

La llegada a Chernobyl

Chernobyl no es un pueblo contaminado, aunque si lo está el reactor nuclear que explotó. Cuando ocurrió la catástrofe, estaban construyendo el quinto reactor.

El reactor IIII está altamente contaminado y cubierto actualmente por un sarcófago: “Es una estructura móvil, como si fuera un gran galpón”. 

Ingreso a Chernobyl.
En noviembre de 2016, el nuevo sarcófago fue inaugurado: se trata de la estructura móvil más grande del mundo financiada por 28 países.

El pueblo que tiene los más altos niveles de radiación es Pripyat, construido para albergar a los trabajadores que llegaban a trabajar a la central nuclear. Está a 4 km de los reactores donde se produjo el accidente.

En Prpyat, a los turistas les permiten recorrer la ciudad: “Ves el parque de diversiones, el teatro del pueblo, un supermercado, un comedor de una escuela, una escuela, el bar del pueblo y algunos edificios”.

Ingreso a Pripyat.
El parque de diversiones nunca llegó a inaugurarse, y hoy es una de las zonas más radioactivas de la ciudad.
Máscaras anti-radiación en el comedor de la Escuela Número 3 de Pripyat.

Tres lugares que no pueden visitarse

María de los Angeles relató que hay tres lugares que los turistas no pueden recorrer por sus altos niveles de radiación. Además, hay que caminar por lugares indicados y no entrar en espacios no señalizados porque al levantar polvo, se levanta radiación.

Uno de los lugares prohibidos es el hospital del pueblo. Los primeros bomberos que llegaron después del accidente dejaron sus ropas en el subsuelo. “La ropa tiene un altísimo nivel de radiación, ellos llegaron todos radiados”.

Otro lugar es el cementerio. Después del accidente, se inició un proceso masivo de descontaminación y contención que realizaron más de 600 mil personas denominadas liquidadores.

“En el cementerio, los liquidadores enterraron objetos de los ciudadanos por lo que también está todo contaminado”, relató.

El tercer lugar es conocido como bosque rojo y está al ingreso de Pripyat. Es un bosque de pinos que se volvieron de color rojizo al ser altamente irradiados tras el accidente, que fueron derribados y enterrados.

“Se deposita mucha radiación en el bosque, cuando ingresas por el pueblo pasas por el bosque a toda velocidad y el dosímetro se dispara”, agregó.

Miden los niveles de radiación

Al final de la visita, a los turistas les miden los niveles de radiación: “Sali del área del Chernobyl con 4.5 sievert acumulados en el cuerpo, lo que es una o dos radiografías. Había una turista que salió con 8 o 9 por que no acato órdenes. Depende mucho de la responsabilidad de cada uno”.

“Es la historia de sobrevivientes”

Sobre sus sensaciones durante y después del viaje, Lasa relató: “Es una visita intensa. Chernobyl es un lugar postapocalíptico, vacío, muerto. Además, es un viaje en el tiempo, es una cápsula de un mundo que ya no existe”.

Pasó un año y medio de su visita y Lasa asegura que “sigue habiendo cosas para procesar”. La historia de Chernobyl y de la Unión Sovietica es, para ella, una historia de sobrevivientes.

“Cuando la política se transforma en mala política y funciona mal se transforma en tragedia personal. Eso es lo que vi. Estoy segura que voy a volver”.

 

*Las fotografías pertenecen a la muestra «Las últimas fronteras del socialismo» de María de los Ángeles Lasa. Fue expuesta en el Espacio de Artes Visuales de la Usina Cultural, Universidad Nacional de Villa María (Argentina), durante los meses de junio 2020 – marzo 2021.