Como legislador, frente a la avalancha de noticias que hemos recibido en los últimos días (y me atrevería a decir: en las últimas horas), no puedo guardar silencio ante el preocupante rumbo que ha tomado nuestra provincia de Córdoba de la mano del Gobernador Martín Llaryora.
Asistimos a un escenario de asfixia económica y manoseo institucional que solo confirma una cosa: la administración provincial ha cumplido su ciclo y, ante su evidente desgaste político, solo atina a dar manotazos de ahogado.
Es inadmisible que, durante los últimos 9 meses, la deuda de la provincia de Córdoba haya aumentado un 60%.
Esto no es producto del azar, claro está, sino de gestiones que han logrado que vivir en Córdoba sea cada vez más caro para los cordobeses.
Habría que explicarle al gobierno actual que la realidad que enfrentan los cordobeses en la calle es muy distinta a la que se dibuja en los despachos oficiales.
Porque les han cortado los pies a cada uno de los ciudadanos llevando el boleto de transporte a $2.150 en la ciudad de Córdoba, convirtiéndolo en el más caro de todo el país.
Y que, además, se dio en un contexto que no incluía transparencia en las contrataciones públicas ni rendición de cuentas.
Todo esto evidencia una sola cosa: somos los usuarios quienes terminamos pagando los errores de una administración que nunca resolvió el problema del transporte y que nunca pensó en el bolsillo de la gente.
Mientras las cuentas públicas se descontrolan, el Gobierno provincial responde con cambios rimbombantes en su estructura orgánica.
Con el regreso de la Jefatura de Gabinete, cargo que no se estaba utilizando, Llaryora demostró que no estaba pudiendo ordenar su propio gobierno.
El ascenso de Manuel Calvo a este nuevo-viejo puesto se trata de un intento desesperado por recomponer la imagen de la actual administración en las encuestas y poner orden en una mezcla de identidades políticas que no encuentran rumbo.
Ya que, este cambio que se consideró oportuno para adaptar la estructura orgánica de gobierno a las nuevas realidades que se viven, cambia de órbita y de dirigentes otros organismos como el Ministerio de Gobierno, la Secretaría General de Gobierno y el Ministerio de Cooperativas y Mutuales.
Esfuerzos y energías que consumen tiempo y recursos dejando de lado las necesidades reales de los cordobeses.
Es claro: Córdoba necesita urgente un cambio de gestión. Basta de deudas, falta de transparencia y constante reordenamiento político.
No podemos seguir permitiendo que, mientras el Gobierno se dedica a la campaña y al marketing político, los trabajadores y estudiantes sigan siendo los que financien la ineficacia de un modelo que está agotado desde hace rato.
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