“¿La novedad son los años o es el deseo de cumplir con el sueño que tuvo que postergar?”. La pregunta atraviesa la historia de Mariana Muller, una mujer de 55 años, mamá de tres hijos y estudiante de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), que está próxima a convertirse en licenciada en Lengua y Literatura.
Una condición de salud que atravesó durante su infancia hizo que muchas actividades no fueran posibles para ella.
En ese contexto, los libros se convirtieron en compañía, “no podía hacer muchas actividades y entonces leía. Desde muy chiquita mi vida fueron los libros”, recuerda.
“Esta es una carrera que yo siempre quise hacer”, cuenta Muller.
Antes de vivir en Villa María, Mariana residía en Córdoba Capital. Si bien allí también existía la posibilidad de acceder a la universidad pública, las distancias, el trabajo y la crianza de sus hijos hicieron que aquel deseo quedara postergado.
Tiempo después, una propuesta laboral para su esposo llevó a la familia a trasladarse a Villa María. La decisión también estuvo atravesada por la búsqueda de una ciudad que consideraban más segura y amigable para criar a sus hijos.
Aquel proyecto familiar también fue cambiando con los años. Los tres niños que alguna vez demandaban buena parte de su tiempo hoy son jóvenes que estudian y trabajan.
Cuando Mariana les contó que finalmente iba a comenzar la universidad, la reacción fue de alegría.
“Cuando les conté que iba a empezar la universidad se pusieron contentos y hoy les da orgullo, como una sensación de bienestar, de que su mamá puede hacer lo que tanto le gusta”, relató.
El desafío de volver a las aulas
Mariana comentó que comenzar una carrera universitaria a los 50 años significó enfrentarse también a sus propios prejuicios y dudas.
La diferencia generacional con sus futuras compañeras y compañeros aparecía como una de las principales incertidumbres.
Al principio incluso pensó en rendir las materias de manera libre. Una amiga fue quien la convenció de hacer algo diferente: “Te va a costar un montón, andá a clases”, le dijo.
Finalmente, en 2023 se inscribió en la UNVM. Lo que encontró en el aula terminó modificando aquella primera percepción.
“Al principio yo dije: bueno, no importa, vengo, estoy en la clase, hago mis cosas y me voy. Y el tiempo me fue mostrando que sí podía relacionarme con ellos”, rememora.
La universidad terminó siendo mucho más que un espacio de formación académica. Mariana asegura que se sintió acompañada y que el intercambio cotidiano con sus compañeras y compañeros también transformó su manera de mirar el mundo.

“A mí me abrió nuevos horizontes en mi forma de pensar, en mi forma de relacionarme y, si bien yo tengo hijos jóvenes, la universidad es tan diversa que también me dio la posibilidad de conocer muchas realidades”, sostiene.
En ese encuentro entre generaciones, encontró también una oportunidad para cuestionar aquellas ideas que indican que determinados proyectos tienen una edad límite.
“A veces uno piensa que en ciertas etapas de la vida ya vas cerrando capítulos; sin embargo, volver a estudiar me permitió escribir un capítulo nuevo. Y ahora me digo, todavía tengo una historia más para contar”, expresa emocionada.
A los 55 años, mientras se prepara para recibirse de licenciada, Mariana Muller no solamente está terminando una carrera. También demuestra que los proyectos personales no necesariamente tienen fecha de vencimiento y que siempre existe la posibilidad de volver a abrir un libro, entrar a un aula y comenzar un capítulo nuevo.
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