Nicolás, un joven de 18 años, se desempeña como limpiavidrios en las calles céntricas de Villa María. Hace apenas un mes que inició esta actividad, una decisión impulsada por su situación de vivir en la calle, que ya se extiende por medio año.
Esta realidad es cada vez más visible en la ciudad, donde un creciente número de personas busca sustento en espacios públicos.
Nicolás representa a aquellos que, ante la falta de un hogar, encuentran en trabajos informales una forma de sobrevivir día a día.
Su testimonio refleja la compleja situación de quienes enfrentan la vulnerabilidad social.
Para leer:
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Un día a día marcado por la subsistencia
La vida de Nicolás se organiza en torno a la búsqueda de recursos básicos.
“Nadie elige estar en la calle, pero bueno, la gente te ayuda, es buena”, expresó el joven en la conversación con una periodista de Villa María VIVO.
Pidió no ser fotografiado y grabado.
Sus noches transcurren en distintos puntos de la ciudad, “depende del día”, afirma, buscando refugio para dormir.
La meta diaria es clara: “Yo ahora ya me voy, ya junté para el arroz”, contó a media mañana de un día de esta semana.
Esta frase, pronunciada mientras aguarda el cambio de semáforo, subraya la inmediatez de sus necesidades y la importancia de obtener lo indispensable para alimentarse.
Vivir en la calle: La barrera de la discriminación y la resiliencia
A pesar de su esfuerzo, Nicolás ha enfrentado obstáculos significativos en su búsqueda de empleo formal.
Relata que ha acudido a entrevistas, pero la “discriminación” ha sido una constante.
“Fui un par de veces a buscar trabajo pero apenas ven como estoy vestido ya sé que van a decir”, comenta con resignación.
Incluso su acercamiento a la Municipalidad no resultó en la ayuda esperada.
Ante la consulta sobre posibles ordenanzas que ordenen su actividad, Nicolás mantiene una postura firme.
Considera que no obtendría apoyo y afirma: “lo seguiría haciendo”, evidenciando su determinación por continuar con la limpieza de vidrios.
Optimismo frente al frío
Pese a las adversidades y a vivir en la calle, Nicolás demuestra un notable optimismo en su discurso.
Ante la pregunta sobre cómo enfrenta el frío, su respuesta es simple y directa: “Más o menos. La clave está en taparse bien y ya está”.
Esta actitud refleja una capacidad de adaptación y una perspectiva positiva ante las dificultades diarias que impone la vida en la calle.
Su relato ofrece una visión de la fortaleza y la resiliencia de quienes, a pesar de las circunstancias, continúan buscando una salida.
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