En la esquina de San Martín y Corrientes, dos calles que alguna vez fueron el pulso vibrante del comercio regional, hoy el silencio de locales vacíos se mezcla con una imagen que duele a los que pasan o trabajan en el centro.
Lo que debería ser la postal de la pujanza comercial en el centro de Villa María se ha convertido, por fuerza del desgano o el descuido, en un monumento al desorden.
Una montaña de cajas, cartones y plásticos que se adueña de la vereda.

Para quienes caminan el sector a diario, la postal es el síntoma de un centro que se siente alicaído.
Ya no se trata solo de los locales vacíos que van dejando huecos en la memoria comercial de la ciudad.
Ahora, el vacío se interrumpe con los desechos de los que aún resisten.

Una esquina que perdió su norte
“Antes había contenedores”, recuerda con nostalgia una comerciante de la zona.
Sin embargo, reconoce que aquellos recipientes tampoco lograban embellecer el paisaje.
Tras su retiro, el hábito de arrojar residuos en ese punto específico —aprovechando la soledad de un local desocupado— se instaló como una rutina dañina.
A plena luz del día, los restos de la actividad mercantil —papeles, plásticos y cartones— se amontonan frente a los ojos de los transeúntes.
Es una paradoja del esfuerzo diario: los mismos comercios que intentan mantener vivo el sector son los que, al depositar allí sus desechos, terminan por empañar la fachada de su propio lugar de trabajo.
Cuando el sol cae y el movimiento comercial cesa, la esquina cobra una vida distinta.

Es el momento de los recolectores urbanos, hombres y mujeres que buscan entre los restos el sustento para el reciclado.
En ese afán por rescatar lo que todavía sirve, el desorden a veces se profundiza, dejando al descubierto la fragilidad de un sistema de limpieza que, aunque cumple con sus rutas de recolección, no logra mitigar el impacto visual de un punto crítico de suciedad.
El desafío de recuperar el brillo
La problemática no es solo estética; es el reflejo de una comunidad comercial que sigue en actividad en tiempos difíciles.
La imagen de esa esquina, una de las más simbólicas de la ciudad, plantea una pregunta incómoda sobre el cuidado del espacio común.
El centro de Villa María, aquel que supo ser el faro comercial de toda la región, enfrenta hoy el reto de no dejarse vencer por el abandono.
Recuperar la limpieza de sus calles es, quizás, un paso necesario para que las vidrieras vuelvan a brillar y la ciudad recupere el orgullo de su histórico corazón comercial.
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