El día 25 de noviembre de 2025, lo que debía ser el último paso para obtener la residencia permanente en Estados Unidos terminó en una detención inesperada y traumática para Felicitas Lauría, una villamariense de 22 años.
El hecho sucedó cuando la joven asistió junto a su esposo estadounidense a la entrevista conyugal en las oficinas de inmigración de San Diego.
Según relató su madre, Mariana Lozita, en diálogo con LA NACION, la joven permaneció detenida durante diez días en condiciones que calificó de “inhumanas”.
Lauría había llegado a Estados Unidos en 2023 mediante el programa Au Pair, con visa válida hasta marzo de 2025.
Ese programa consiste en beneficiar a jóvenes a vivir de manera temporal con una familia para ayudar con el cuidado de los niños o diferentes tareas domésticas.
Un camino legal con un giro imprevisto
A comienzos del año pasado conoció a Marcus, con quien inició una relación y más tarde contrajo matrimonio, siguiendo el consejo de un abogado para poder permanecer legalmente en el país.

A partir de esa unión iniciaron el ajuste de estatus y presentaron toda la documentación exigida, incluyendo biométricos.
En septiembre, la joven obtuvo su permiso de trabajo, lo que le permitió dejar su rol como au pair y acceder a un empleo formal.
Nada hacía prever el giro que tomaría su trámite migratorio.
Durante la entrevista conyugal, los oficiales consultaron a Lauría si su visa estaba vencida. Ella confirmó que sí, aunque aclaró que estaba amparada por el ajuste de estatus y su permiso laboral.
Minutos después, agentes del ICE ingresaron al edificio y la detuvieron frente a su esposo.
La traumática detención
Las primeras 48 horas de su detención, Lauría estuvo alojada en una comisaría del centro de San Diego.
Estaba encadenada de manos y pies, sin acceso a su medicación para el hipotiroidismo, durmiendo en el piso y con un único jabón para higienizarse.
Posteriormente fue trasladada de manera reiterada entre ese establecimiento y el centro de detención Otay Mesa, donde era sometida a revisiones físicas completas cada vez que ingresaba.
Tras dos días, quedó oficialmente alojada en Otay Mesa, compartiendo celda con otras 15 mujeres.
Allí durmió en el piso sobre una colchoneta delgada y no recibió los productos de higiene que su familia había enviado.
El día de la audiencia
La situación se agravó el día de su audiencia de fianza.
De madrugada, agentes del ICE la despertaron para trasladarla a otro estado, informándole que su cita había sido suspendida.
Finalmente logró frenar el traslado, pero no pudo presentarse ante la jueza.
Su esposo sí asistió y, al notar su ausencia, la magistrada exigió explicaciones y fijó una fianza de 1500 dólares, que fue pagada por su suegra.
En libertad condicional
Lauría recuperó la libertad esa misma tarde, aunque con una tobillera electrónica que le fue retirada ayer 11 de diciembre.
Actualmente, la joven permanece bajo libertad condicional y tiene audiencia programada para el 11 de marzo de 2026, aunque su abogado solicitará un adelanto.
Mientras intenta retomar su rutina en San Diego, su madre insiste en la importancia de que otros matrimonios en situaciones similares busquen asesoramiento constante.
“Lo que vivió Felicitas fue traumático”, sostuvo.
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