Hay una paciencia singular en quien sabe mirar una estampilla desgastada o una moneda que ya no circula: la certeza de que allí late la vida de una época entera.
Durante tres cuartos de siglo, esa vocación minuciosa encontró un hogar en Villa María.
Hoy, con más de 40 socios activos y su sede de calle Mendoza 852 como trinchera cultural, el Centro Filatélico y Numismático Villa María celebró sus 75 años de vida con una certeza compartida: sostener una pasión común durante tanto tiempo es, ante todo, un acto de resistencia y amor por la historia.
La Medioteca Municipal fue el escenario donde esa memoria acumulada salió al encuentro de los vecinos.
Enmarcada en los preparativos por los 159 años que cumplirá la ciudad, la jornada transformó el Parque de la Vida en un mosaico de recuerdos tangibles.
Durante la jornada, el secretario de Gobierno, Cultura y Relaciones Institucionales, Marcos Bovo, destacó el valor de las instituciones como espacios de encuentro, participación y construcción comunitaria, y puso en valor la trayectoria del Centro Filatélico y Numismático Villa María:
“Cuando una institución cumple años, siempre es motivo de alegría, porque las instituciones son parte fundamental del desarrollo de una ciudad y, al mismo tiempo, generan espacios para la realización de las personas que las integran.”
”Y mucho más cUando hablamos de una institución con una trayectoria como la del Centro Filatélico y Numismático, que en el marco de los 159 años que próximamente celebrará Villa María, también cumple 75 años de historia. Durante todo este tiempo, apasionados coleccionistas, a través de un hobby que también se fue profesionalizando, realizaron un valioso aporte a la construcción y preservación de nuestra historia y nuestra cultura, a través de medallas, billetes, monedas y sellos postales.”
“Por eso celebramos con alegría este aniversario, reconociendo el camino recorrido y la trayectoria de la institución, pero también mirando hacia el futuro y pensando en cómo seguir construyendo comunidad junto a todas las instituciones de nuestra ciudad”, cerró Bovo.
Un antiguo buzón de correos restaurado esperaba a los visitantes como testimonio de las cartas que alguna vez cruzaron distancias, mientras los acordes de la Big Band Villa María —a cargo del Himno Nacional y de la música del encuentro— marcaban el pulso de una fiesta comunitaria.
“Para nosotros significa mucho cumplir 75 años. No es fácil mantener las puertas abiertas durante tanto tiempo”, reconoció con orgullo Martín Sandrone, presidente de la institución.
Detrás de sus palabras se refleja el esfuerzo cotidiano de un grupo que nació de la pura afición y terminó profesionalizando el resguardo del patrimonio local.
Esa pasión no conoce fronteras estrechas: para la muestra llegaron socios y coleccionistas no solo de la ciudad, sino también de localidades de la región como General Deheza, Oncativo, Alicia y General Cabrera, e incluso un miembro que viajó especialmente desde la provincia de San Juan para sumar sus piezas al festejo.
El encuentro demostró que el coleccionismo cobra su verdadero sentido cuando se comparte.
La muestra sumó a la Asociación Villamariense de Autos Antiguos con sus vehículos de época, a los Amigos Coleccionistas y Maquetistas, a la Asociación de Granaderos Reservistas con indumentaria y objetos históricos, y al Instituto Municipal de Historia, que aportó un conversatorio para profundizar en el pasado villamariense.
Las charlas sobre historia postal y numismática abrieron diálogos donde cada billete, medalla o sello dejó de ser un simple objeto para convertirse en un documento vivo de lo que fuimos.
Con la entrega de la declaración de interés municipal por parte de las autoridades locales y su inclusión en el programa “Historias Populares de las Instituciones de Villa María” —que volcará su trayectoria en un libro—, la entidad reafirmó su lugar en el corazón de la ciudad.
Tras 75 años de clasificar, conservar y atesorar fragmentos del pasado, los apasionados del Centro Filatélico y Numismático siguen demostrando que resguardar pequeños tesoros de papel y metal es, en el fondo, una manera noble y colectiva de cuidar quiénes somos.



































