La costanera de Posadas no siempre fue un paseo. Debajo del embalse del Paraná, a pocos metros de esa orilla prolija con paradores, están los restos de lo que alguna vez fueron barrios enteros. La historia es conocida en la ciudad, pero si estás pensando en sacar tus pasajes a Posadas, es un dato interesante para conocer.
El Chaquito, Villa Urquiza, parte de El Brete y la Península Heller con su frigorífico fueron los barrios que se inundaron y desaparecieron por los efectos del lago que generó la represa de Yacyretá. En 1983, cuando arrancaron las obras de relocalización, la Entidad Binacional Yacyretá empezó a desplazar a las familias ribereñas de Posadas y de Encarnación, del otro lado del río.
El censo de ese año registró unas 5000 familias por reubicar. El embalse terminó inundando cientos de hectáreas urbanas y el Banco Mundial lo describió como el mayor nicho urbanístico del mundo en recibir los efectos de un embalse.
Lo que vino después fue una reconstrucción a escala inédita. La Entidad financió nuevos barrios tierra adentro, obras de defensa costera y, finalmente, la costanera Monseñor Kemerer.
Esos ocho kilómetros de paseo constituyen hoy la postal más reconocible de la ciudad. Las playas como Costa Sur y la bahía de El Brete con sus lanchas hacia la Isla del Medio son parte de la infraestructura que surgió como compensación por lo que el agua se llevó. Por su parte, la Bajada Vieja es el barrio portuario original que sobrevivió a las inundaciones. Todavía conserva el mural del mensú y la escultura de Andrés Guacurarí, el caudillo guaraní.
Hoy, la costanera funciona desde las siete de la mañana. Los paseos náuticos “Al Garete” ofrecen música en vivo sobre el río los fines de semana. Y podés visitar la Isla del Medio para ver sus carpinchos, lagartos y más de cien especies de aves. Pero ahora, cuando camines por la costanera, ya sabés que en esas orillas habita una Posadas diferente, que existió antes, y que el río tapó.

































