Días después de haber concentrado la atención pública con una particular intervención frente al edificio de Tribunales de Villa María, Lucas Maiolo rompió el silencio en una entrevista con Villa María VIVO! donde relató el trasfondo de sus reclamos, las causas judiciales que asegura haber iniciado y el deterioro emocional que atraviesa.

A pesar de mostrarse firme en su intención de continuar visibilizando su situación, Maiolo reconoció que la exposición y el conflicto legal le generan un profundo temor por su seguridad jurídica y personal.
«No soy libre, quiero ir de un lado para el otro y tengo miedo»
Al ser consultado sobre el impacto personal del conflicto, el entrevistado hizo foco en su estado anímico y las consecuencias que vive día a día:
«Estoy sufriendo mucho porque más allá de que vos me veas que estoy bien, soy una persona que siente, sufre y tiene familia. Yo no soy libre: quiero ir de un lado para el otro y tengo miedo de que en cualquier momento, por una cuestión de género o por una cuestión de puerta giratoria en ciertas fiscalías para estas personas, me armen algo», expresó.
Maiolo agregó que su mayor urgencia actual no pasa únicamente por lo judicial, sino por su bienestar: «Quiero recuperar mi salud por sobre todas las cosas. Tengo ataques de pánico, me cuesta dormir, tengo somnolencia y no la estoy pasando bien. Mi vida útil hoy es desde las 9 de la mañana hasta la 1 o 2 de la tarde; después de esa hora no existo más».
Denuncias penales y el rol de Tribunales
Respecto al avance de sus presentaciones, Maiolo confirmó que formalizó acusaciones en la Justicia penal con la asistencia de la abogada Teodora Perassi, además de anticipar presentaciones ante el Colegio de Abogados:
«Se amplió la declaración, se presentaron e iniciaron causas penales donde ahora se van a aportar las pruebas pertinentes contra todas las personas que fueron en contra mío. Quisieron hacer una jugada que tiene un modus operandi: te persiguen, tocan el botón y vos caés. Esto ya no es cuestión de género, es de viveza», apuntó.
Asimismo, recordó el episodio que —según su relato— detonó su postura: una citación testimonial en la ciudad de Córdoba a la que decidió no prestarse: «Querían que fuera a decir lo que ellos marcaban todo el tiempo. ¿Yo voy a ir a Córdoba a caer en un falso testimonio? No. Durante meses vi cómo se entramaban causas. Y por decir la verdad, hoy pago todo esto».

El allanamiento y la promesa de nuevas protestas
Otro de los puntos centrales de su descargo fue el secuestro de sus teléfonos celulares y herramientas de trabajo durante un allanamiento que calificó de «tiempo récord»:
«Destaco la velocidad con la que libraron la orden para secuestrar los dispositivos. Me sentí ultrajado. No me devolvieron nada ni me notificaron nada. Tengo dinero retenido ahí para pagarle a gente y compromisos. Tienen cero empatía; no les pedía que me den el teléfono, por lo menos déjenme transferir la plata».
Finalmente, advirtió que lo visto el martes 13 de octubre no fue un hecho aislado: «Dijeron que soy expolicía, cuando hace doce años que no pertenezco a la institución y me dedico al marketing. Si la protesta del cajón impactó y superó las tres millones y medio de visualizaciones, la próxima rompo el récord. Tengo material de todo tipo y hasta videos; voy a poner una pantalla multiled acá en frente», concluyó.

Entre el temor, la revancha y el impacto en redes
A lo largo de sus declaraciones, Maiolo oscila de manera constante entre dos polos emocionales muy marcados. Por momentos deja ver una profunda vulnerabilidad, manifestando sentirse indefenso, con miedo a perder su libertad y atravesando secuelas físicas y anímicas como ataques de pánico y falta de descanso.
Sin embargo, casi de inmediato ese discurso muta hacia una postura desafiante y de confrontación, donde advierte con redoblar la apuesta y promete que sus próximas protestas obligarán a los funcionarios a «tirarse abajo del escritorio».
Llama la atención, además, cómo su relato sobre un conflicto judicial de gravedad se entrelaza permanentemente con conceptos propios de la comunicación digital y el marketing.
Maiolo pone especial énfasis en el alcance del reclamo frente a Tribunales a través de métricas —mencionando millones de reproducciones, miles de compartidos y porcentajes de aceptación—, evidenciando una marcada preocupación por la repercusión pública y por el freno que significó el secuestro de sus teléfonos para la monetización y el manejo de sus canales de difusión.

En cuanto a su desenvolvimiento, se percibe una notable tensión contenida. Su hablar es pausado, cargado de vacilaciones y silencios en los que se frena a sí mismo de manera deliberada para evitar romper medidas cautelares o restricciones judiciales vigentes.
En ese juego de autocontrol forzado se nota el esfuerzo por medir las palabras, aunque por instantes asoma el impulso de revelar más datos de los que su situación legal le permite.
Por último, subyace en todo su testimonio un fuerte sentimiento de indefensión y hostigamiento institucional.
Maiolo no describe el proceso como un diferendo legal habitual, sino como una trampa o «entramado» diseñado en su contra, denunciando una presunta parcialidad en los tiempos y accesos de las fiscalías. Asegura vivir bajo un asedio permanente en el que siente que cualquier paso en falso puede ser utilizado para detonar una nueva acusación en su contra.





































