Pirata es un perro que llegó a la segunda cuadra de calle General Paz hace alrededor de un año y, sin que unos supieran de otros, distintos vecinos comenzaron a alimentarlo y asistirlo.
Cada mañana, Pirata comienza su recorrido por su vereda, saluda a comerciantes, descansa en distintos locales y recibe el afecto de quienes, con el paso del tiempo, hicieron de su historia un verdadero ejemplo de cuidado comunitario.

Su figura es un ejemplo claro de lo que la nueva ordenanza de Protección, Preservación y Guarda Responsable de Animales designa como “animal comunitario”.
Es para aquellos perros o gatos que viven al cuidado de vecinos de un barrio, un sector o una comunidad.
Una de las vecinas comento a Villa María VIVO! que la primera vez que lo encontraron, llamaron al número que tenía en su collar y se encontraron con que quien era su dueña se había mudado de ciudad, pero sin Pirata…

El vínculo con los vecinos
El vinculo de los vecinos por el perro comenzó luego de que tuviera un accidente en la calle: “A fin de año, un muchacho lo atropelló con su auto, nos ayudó con la recuperación y a partir de eso nos conectamos todas las personas que lo ayudábamos y formamos un grupo”, relató otra de las vecinas.
Desde entonces, Pirata tiene un grupo de WhatsApp para organizar sus cuidados, donde se comunican avisando quien lo alimenta o si es llevado a algún hogar a pasar la noche.
Además cuenta con un collar con los teléfonos de contacto de tres de las personas que lo protegen e incluso una cuenta de Instagram donde comparten parte de su vida cotidiana.

Los vecinos le crearon camas y ponchos para mantenerlo cómodo.
Además “está vacunado contra la rabia, castrado y estamos permanentemente en contacto por si se enferma, si come o no. Está muy cuidado”, explicó una vecina.
Pirata, el perro que eligió la libertad
Aunque varias personas de quienes lo cuidan intentaron darle un hogar definitivo, Pirata siempre encuentra la forma de regresar a la calle.
“Es un perrito que le gusta la libertad. No lo podés encerrar en un patio porque te rompe todo. Una de las chicas que lo rescató lo lleva a su casa a veces, duerme ahí pero al otro día ya pide salir. Una vez rompió un vidrio para escaparse”.

Los vecinos describen a Pirata como un perrito “muy sociable y muy amoroso”, que quiere estar con la gente, pero quiere su libertad.
Una rutina de cariño
Como cualquier vecino del barrio, Pirata tiene horarios y lugares favoritos.
Según relatan quienes lo cuidan, durante la noche suele quedarse en la estación de servicio de la esquina o es llevado a alguna casa.
Por la mañana visita oficinas donde duerme junto al calefactor si hace frio y, cuando avanza el día, comienza su recorrida por distintos comercios saludando y acompañando en la rutina a cada uno.

“Un vecino que vive enfrente se lo lleva a pasear en auto a la tarde cuando hace las compras. Es un poco de todos”, comentaron.
También tiene una costumbre inalterable: disfrutar del sol cada vez que puede.
“Le encanta tomar sol. Estos días, como está nublado, está bajo el calefactor. Pero cuando sale el sol lo podés ver en la vereda, en la florería, en la plaza o en cualquier rincón donde pegue un rayito“, explicó una vecina.
Sin un único dueño, pero rodeado de personas que se ocupan de su bienestar todos los días, Pirata se transformó en un símbolo de solidaridad y convivencia para toda una cuadra de Villa María.
Punto por punto: Qué dice la nueva ordenanza sobre cuidado y tenencia de animales
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