Comenzar una entrevista con una pregunta, resulta ser lo habitual, pero ¿qué ocurre cuando la respuesta te cala los huesos? Josefina Leiva es una joven de Inriville, un pequeño pueblo de la región, pero, dice: “Villa María me adoptó a mis 17 años cuando llegué para estudiar. Y la verdad es que nunca más quise irme”.
Es pura energía y alegría, tanto que no parece padecer en una enfermedad crónica. Tal vez esa sea la clave cómo te tomas la vida y las cartas que te tocaron para jugarla.
Josefina Leiva en primera persona
En diálogo con Villa María VIVO! cuenta: “Soy profesora de Historia y me formé además en Comunicación Institucional y Defensa Nacional a través de la Universidad de la Defensa, junto con distintas diplomaturas en marketing, publicidad y redes sociales. Siempre fui una persona muy creativa y apasionada por la comunicación. Durante la pandemia me animé a explorar el mundo de las redes sociales, un espacio que terminó convirtiéndose en parte fundamental de mi vida profesional.
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Actualmente me desempeño como responsable de Comunicación y Relaciones Institucionales en Fabricaciones Militares y también soy docente de Historia en distintas instituciones educativas. Amo ambas profesiones porque las dos me permiten algo que considero fundamental: conectar con las personas”.
Pero hay una parte de su historia que la vuelve viva, que la cambió por completo y lo relata en Historias Vivas.
-¿Qué es la endometriosis?
-Tengo 32 años y convivo con endometriosis. Aunque el diagnóstico llegó en 2020, el camino comenzó muchos años antes. Pasé por distintos diagnósticos: colon irritable, apendicitis, enfermedad pélvica inflamatoria. Fueron años de dolor, incertidumbre y de sentir que algo estaba pasando en mi cuerpo sin encontrar respuestas.

Hasta que un día viajé a Córdoba y conocí al doctor Jorge Dionisi, especialista en endometriosis. Nunca voy a olvidar aquella consulta de febrero de 2020 cuando, después de varios estudios, me miró y me dijo: “Nena, vas a cirugía”.
-¿Cómo te condiciona en la vida cotidiana?
-La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que puede afectar distintos órganos, infiltrar tejidos y modificar por completo la calidad de vida de una mujer. Muchas veces se la conoce como el “cáncer blanco” por lo difícil que resulta diagnosticarla y por las consecuencias que puede generar.
Aprendí que con la endometriosis se puede convivir, pero primero hay que entenderla y abrazarla. Es una enfermedad compleja, distinta en cada mujer, que implica tratamientos, controles constantes, alimentación antiinflamatoria, actividad física, cambios de hábitos y también atravesar el miedo, la incertidumbre y muchas veces la infertilidad.
En mi caso, la enfermedad condiciona gran parte de mi vida cotidiana. El dolor pélvico constante, la inflamación, las dificultades digestivas y urinarias, las cirugías y las limitaciones físicas forman parte de mi realidad. Me operé cuatro veces: una en 2020, dos en 2023 y una más en 2025.
Una “endoguerrera”
-¿Cuáles fueron las decisiones más difíciles que tuviste que tomar?
-Justamente en 2025, cuando decidí comenzar a evaluar mi fertilidad. Los estudios mostraron que mis trompas de Falopio estaban severamente afectadas por la enfermedad y los especialistas recomendaron extraerlas para evitar riesgos mayores.
Fue una de las decisiones más duras de mi vida. Porque no solamente significaba volver a entrar a un quirófano, sino también enfrentar el duelo de perder la posibilidad de lograr un embarazo de manera natural.

Aparecieron muchas preguntas: ¿Y si ocurría un milagro? ¿Y si los tratamientos no funcionaban? ¿Y si las hormonas empeoraban la enfermedad?
Aun con miedo, decidí seguir adelante. Hoy transito también el camino de la fertilidad, un recorrido que todavía estoy escribiendo y que espero algún día poder contar con un final feliz.
-Vos sos una embajadora de la difusión de la enfermedad, ¿cuán importante es hablar?
-Las redes sociales, que comenzaron siendo una herramienta de trabajo, terminaron convirtiéndose también en un espacio de acompañamiento. Cuando empecé a hablar de endometriosis, comenzaron a escribirme muchísimas mujeres —e incluso hombres preocupados por sus parejas— que atravesaban situaciones similares.

Y ahí entendí que quizás esta también era mi misión: visibilizar una enfermedad que muchas veces permanece en silencio y acompañar a otras mujeres para que no se sientan solas.
Diagnóstico y prevención de la endometriosis
Hay días en los que quiere ayudar a todas y su propio cuerpo la obliga a detenerse, comenta Josefina. Porque la endometriosis, dice, también enseña a poner límites, a escuchar el cuerpo y a aceptar que no siempre se puede con todo.
-¿Cómo se puede diagnosticar? Y prevenir?
-Hay algo que siempre me gusta remarcar cuando hablo de endometriosis, y es la importancia del diagnóstico temprano. Muchas mujeres naturalizan el dolor durante años porque nos enseñaron que menstruar debe doler, y eso no es así.
La endometriosis puede manifestarse a través de dolores pélvicos constantes, menstruaciones muy abundantes o incapacitantes, dolor durante las relaciones sexuales, dolor al evacuar o al orinar, inflamación abdominal e incluso infertilidad. Muchas veces los síntomas aparecen desde la adolescencia y pueden pasar años hasta obtener un diagnóstico correcto.
Por eso es fundamental escuchar al cuerpo y consultar a profesionales especializados. Detectarla a tiempo puede evitar que la enfermedad avance, se infiltre en otros órganos y produzca daños importantes.
Causa desconocida
También considero fundamental el trabajo interdisciplinario. La endometriosis no debería abordarse únicamente desde la ginecología. Muchas veces se necesita un equipo integrado por ginecólogos especialistas en la enfermedad, urólogos, cirujanos colorrectales, nutricionistas, especialistas en fertilidad y profesionales de la salud mental.
No existe una forma de prevenir la endometriosis, porque se trata de una enfermedad cuya causa aún no se conoce completamente. Pero sí podemos prevenir las consecuencias de un diagnóstico tardío a través de la información, la escucha y el acceso a profesionales capacitados.
Hablar de endometriosis salva órganos, preserva la fertilidad y, sobre todo, mejora la calidad de vida de muchas mujeres que durante años creen que el dolor es normal cuando, en realidad, es una señal de que algo está pasando.
-¿Qué rol ocupan los seres queridos en el tránsito de los tratamiento que tenes que realizarte?
-Esta enfermedad me enseñó quiénes están realmente a mi lado. Mis padres, mi hermana, mi pareja Mariano —que es mi sostén emocional y mi compañero incondicional—, mis amigos y mi entorno fueron fundamentales para atravesar cada cirugía, cada diagnóstico y cada momento difícil.
-Por último, hay una pregunta que es el hilo conductor de todas estas “Historias Vivas” y se llama “Sintientes”. ¿Qué se siente poner el cuerpo y aun así ser embajadora de la prevención de esta enfermedad?
-Hoy entiendo que la endometriosis forma parte de mi historia, pero no define quién soy. Soy docente, comunicadora, una mujer apasionada por su trabajo, por la educación y por la comunicación. Y también soy una mujer que decidió transformar el dolor en acompañamiento, la incertidumbre en información y la experiencia personal en una herramienta para ayudar a otras personas.
Si mi historia puede servir para que una mujer llegue antes a un diagnóstico, se anime a consultar o se sienta menos sola, entonces todo este camino también habrá tenido un propósito.
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