Gisela viene a traer esperanza y dolor, de ese con el que no le quedó otra que aprender a convivir, aun a cinco años del momento más triste de su vida.
Honrar a la madre parece casi un acto poético, unas cuantas consultas de terapia en otros casos. Y también es una acción política, la más grande prueba de amor. Pero ¿qué ocurre si a esa madre le toca honrar a una hija que no puede tener en brazos?
Gisela nos demuestra a todas las mamás que hay miles de formas de amar y también al mundo el verdadero significado de la resiliencia.
Una vez leí que el latido del bebé sucede por su propio sistema circulatorio, pero su funcionamiento depende por completo del cuerpo de la madre.
En todas sus posibilidades, físicas y simbólicas, hoy Historias Vivas reconoce a quienes ponen su existencia de la manera más honesta y desinteresada a disposición del amor más profundo: mamá.
Una historia de amor sin final
-Considero que mamá sos desde antes de corroborar que llevas un ser dentro tuyo y para toda la vida, ¿Cuántos hijos tenés y relatanos sobre tu “pepona”?
-Uno se convierte en mamá desde el día en que uno comienza a proyectar el deseo de ser mamá. En particular, yo tengo tres hijos. Más allá de que hoy en la tierra solo tengo dos y que la única mujer que nos tocó está en el cielo: ella es Bianca.
-Hace un tiempo la vida te puso el desafío más cruel para una mamá. ¿Qué le sucedió a Bianca?
-Durante la pandemia decidimos tener un segundo hijo. Berni es nuestro hijo más grande y vino un poco vino a avisarnos que nos tocaba ser papás y la verdad que fue uno de las, yo no lo diría accidentes, pero fue una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Darme cuenta a través de Bernardo de cuánto deseaba ser mamá. Al igual que para Fabri, mi marido. Respecto de Bianca, el deseo de buscarla viene un poquito más elaborado. Nosotros queríamos formar una familia de cuatro. Se buscó y rápidamente se nos dio la oportunidad de estar embarazados de Bianca.

“La pandemia no fue fácil, fueron tiempos de mucha soledad para todos, de mucho aislamiento y supongo que eso influyó mucho en mi estado de ánimo. Cuando se acercaba el momento del nacimiento de Bianca, fue la época en que falleció mucha gente por COVID y me piden que me quede más en casa”.
“Particularmente 15 días antes de que ella naciera, yo empiezo a sentir mucha angustia, una angustia inesperada, como intuyendo algo. Empiezo a estar muy triste, muy melancólica, empiezo a tener pesadillas, a levantarme sobresaltada por las noches, ya me costaba bastante respirar, estaba muy incómoda. Bianca fue la más inquieta de mis tres hijos, en la panza la más intensa de todas, y fue la que más antojos de chocolates me despertó, entonces siempre decíamos que iba a ser una “gorda chocolatera”.
El momento del nacimiento
Bianca decidió llegar al mundo y Gisela ya tenía un parto natural previo.
“Habíamos llegado a término, habíamos tenido un buen embarazo. Cuando surge en la semana 39 la posibilidad de que nazca, se da que hago un proceso de anafilaxia en el momento del trabajo de parto, cuando me administran la dosis correspondiente para el tratamiento de la streptococcus”.
“Una anafilaxia realmente inesperada porque yo hasta ese momento no era alérgica, a este tipo de medicamento. Entrar en ese shock anafiláctico, me hace perder el control de la situación totalmente, y la gordita ya estaba encajada en el canal de parto. Yo ya estaba con 6, 7 de dilatación y era imposible pensar en la posibilidad de una cesárea. Yo ya estaba con una hipotensión muy severa y me empezó a faltar el aire, nunca perdí la conciencia. No llegué a desarrollar paro cardíaco, pero fue una situación en la que verdaderamente perdí totalmente el control de mi cuerpo, la fuerza y no podíamos hacer nada para que sacar a Bianca, sino más que estabilizarme a mi, que fue lo que se priorizó”.

“El parto natural termina dándose, pero ya habían pasado algunos minutos que eran particularmente muy importantes. La gorda sufre lo que conocemos como hipoxia -falta de oxígeno- y deja de llegar la sangre a la placenta también. Ahí se produce un paro cardiorrespiratorio de ella dentro de la panza, que nos lleva al desenlace de que ella nace muerta. En ese momento, la reaniman naturalmente, ella responde, pero ya la situación era complicada. Cuando se la llevan a la Neo, se encuentran particularmente con que ella estaba desarrollando una isquemia interesante y ahí empieza el proceso de la encefalopatía severa con la que nos encontramos unos días después cuando fuimos aclarando el panorama. Le quedó un daño neurológico muy muy severo, no era una muerte cerebral total, pero rozaba prácticamente eso”. La vida dejaba de ser de colores pastel y era el momento de tomar decisiones”.
“Me acuerdo particularmente el momento en el que ella nace, de ver su carita, verla dormida y tratar de entender qué era lo que estaba pasando, y en ese momento sentir un vacío gigante, mucho frío”
-¿Qué rol jugó la fe en todos esos meses y la gente que los apoyaba?
-Después de eso vino un tiempo inolvidable en todos los sentidos. Nos fuimos a vivir a Córdoba para que Bianca estuviera internada allá, recibió la mejor atención médica posible y así todo no fue suficiente para revertir ya su situación, el daño que ella tenía era irreversible. Pero esa buena atención nos permitió compartir con ella bastante tiempo en la tierra para lo que podría haber sido.
La fe en esos días fue lo que nos mantuvo. Es difícil pensar cómo es que uno sobrevive a tanto dolor, porque uno llega con tanta ilusión a tener un hijo que no concibe la idea de que algo salga mal. La llegada de un hijo solamente debería representar felicidad y alegría. La verdad que sin fe esos días hubieran sido muy complicados.
Pasados los cuatro días de su nacimiento, yo llego a Córdoba después de haberme recuperado de ese parto natural y me dicen que vayamos considerando la posibilidad de que ella se vaya de la tierra, porque la verdad que el panorama no era alentador y recuerdo que me dijeron que llamáramos a nuestro hijo más grande para que la viniera a conocer y yo le decía `pero él es muy chico, tiene 4 años, cómo va a entrar al hospital´. Pero es importante que él la conozca y pueda hacer el duelo porque probablemente no viva muchos días más.
Creo que es la fe la que nos dio la posibilidad de compartir tres meses exactamente con Bianca. En condiciones complicadas pero que al fin nos permitieron abrazarla, mimarla y darle todo el amor que durante tanto tiempo habíamos guardado para ella.
-Hay un momento muy revelador en esos días en Córdoba que me gustaría que cuentes
-Durante nuestra estadía en Córdoba, conocimos una médica muy especial con la que hemos mantenido contacto a lo largo de los años. Ella un día nos dejó una estampita de una Beata cordobesa, la madre Catalina de María Rodríguez, patrona de las Esclavas del Corazón de Jesús, un colegio muy reconocido en el barrio General Paz. Madre Catalina de María fue la fundadora de esta congregación y llega a nuestras vidas a través de esa estampita y de un libro que esta médica nos regala y nos permite conocer su historia y hacernos notar que Bianca no era solamente Bianca, sino que tenía que ser Bianca Catalina, cuando en realidad habíamos dicho que ninguno de nuestros hijos iba a tener segundo nombre. Bianca también vino a romper el esquema en ese sentido y a recibir ese segundo nombre.
Particularmente una mañana me despierto sobresaltada pensando en que Bianca tenía que llamarse Catalina también y se me da por buscar el significado del nombre y encontrarme con que Bianca en su acepción italiana, significa pureza, blancura o inmaculada, de alguna manera Catalina en su traducción al idioma griego es que también significa lo mismo, pureza, brillantez. Y la verdad es que me asombro poderosamente tener la necesidad de ponerle dos nombres.
Creemos que eso también tiene que ver con la fe y con lo místico, con lo increíble de la existencia del Dios, con la existencia de la fuerza y la voluntad de Dios para que Bianca se mantuviera ese tiempo en la Tierra y que nos permitiera compartir con ella el montón de situaciones, la mayoría quizás dolorosas, pero que hoy nos permiten tener un recuerdo de ella, de sus ojos, de su piel, de su aroma.
Durante una semana que no pudimos verla porque el COVID estaba muy latente y no se podía entrar a la Neo, que fue la semana más larga de mi vida, se nos da la posibilidad de ir a conocer el convento. La madre superiora no nos podía recibir y nos recibe una monjita, la madre Emma, que se parecía mucho a mi abuela. Nos acompañó en un recorrido y nos dio muchas respuestas que no estábamos encontrando. Bianca ya hacía un mes que estaba en Córdoba y los avances era casi nada.
Recuerdo que la madre Emma me dice “acá lo importante es respetar la voluntad de Dios” y yo le digo “sí, pero quiero que mi hija viva”, me respondió “a lo mejor tu deseo no coincide con la voluntad de Dios. Lo importante es que tener la fortaleza para entender esa voluntad porque ahí vamos a encontrar todos la paz. Quizás la voluntad de Dios sea que el paso de Bianca sea este pequeño paso y eso les va a permitir entender la máxima trascendencia del amor y fortalecerse como familia”. En ese momento fue difícil de entender, pero hoy ya tiene sentido. A veces uno ve otros chicos que podrían parecerse a ella, pienso qué carácter tendría, cómo sería ella. Yo creo que la fe y el amor son los pilares que nos han permitido soportar la ausencia física y seguir siendo felices a pesar de todo”
-¿Cómo procesas el duelo vos y tu compañero aun hoy a cinco años de su perdida física?
-El duelo nunca termina, uno siempre siente ese título de “papás que no tienen a su hija en la tierra”. Hemos trabajado mucho los dos, cada uno con sus terapias. Apoyando a nuestro hijo más grande que le tocó vivir todo esto. Con mucho amor de las personas que nos rodean y aceptando la voluntad de Dios. No desde la resignación, sino de aceptación. A muchas familias les pasa. Bianca siempre nos ha dejado mucho amor que se traduciendo en el deseo de volver a ser padres.
El recuerdo que mantiene vivos a quienes quedan en este plano
Gisela reconoce que a lo largo de los años quienes los rodean ocuparon un rol fundamental, la familia ampliada principalmente.
También ve importante la empatía, aunque observa que “también hay mucha pena, nos ven muy desafortunados los papás que perdemos un hijo. La sociedad tiende a mirar con pena, por la cultura que tenemos de no entender bien la muerte, sobre todo a edades tan tempranas. O entender que es parte de la vida. La muerte debería ser también liberadora y trascendental. Dejar nuestra huella en todos los que se quedan. Nos quedamos con la dicha de haber tenido una hija tan angelada”.
-Siempre está presente Bianca en tu pecho con una cadena, en tu piel con un tatuaje, pero en lo discursivo ¿cuán importante es poder nombrarla y honrarla?
-Después del nacimiento de Bianca me hice tatuajes que nunca pensé en mi vida me iba a hacer. Uno explícitamente menciona la palabra “Pura”, que es el significado de sus nombres. Y con el paso de los años, decidí tatuarme unas flores que representan concretamente a la familia y cada flor es uno de nosotros.
Y respecto a nombrarla, la verdad que se ha vuelto necesario, tenerla presente en lo cotidiano. Y como siempre decimos, o sea, cada vez que nos preguntan cuántos hijos tenemos, mencionamos que tenemos tres hijos. Y si por algún motivo me olvido de mencionar y digo que son dos, mi hijo más grande me llama la atención y me dice “no mamá, somos tres”.
En casa se naturalizó mucho el hablar de Bianca. Hablarlo nos hace bien, nos genera la satisfacción de tenerla presente. Es la forma de manifestar que existe y porque consideramos que no nombrarla sería anular su existencia.
No solemos ir mucho al cementerio. No es un lugar donde particularmente la encontremos. Pero no es el lugar donde más la encontremos. Sentimos que está todo el tiempo con nosotros, a diario. En las cosas que hacemos, en las que dejamos de hacer en nuestra casa.
Que yo miro para atrás y hoy pienso: tres meses fue una infinidad de tiempo para lo que proclamaban que iba a ser. Nombrarla es honrarla todos los días, básicamente.
-¿Cómo llevan el tema con sus hermanos?
-Con su hermano más grande, siempre se habló, desde el día cero. Después del nacimiento de Bianca, que es cuando yo me vuelvo a encontrar con él, porque mi marido viajó a Córdoba de manera urgente para que le asistieran rápidamente y yo me quedo en Villa María internada dos días más, y ahí es cuando vuelvo a encontrarme con Berni. Y le cuento que Bianca había tenido un accidente al momento de nacer, que las cosas se habían complicado y no estaba bien. Que nos vamos a ir a Córdoba, que no sabemos cuánto tiempo. Ese día hice una videollamada con Fabri, y se la mostramos y él la vio conectada a un montón de cosas. Cruel, sí, para un chico de 4 años, pero real. Y después, la familia y los amigos permitieron que pudiéramos llevar una vida bastante normal esos días.
Respecto a tener otro hijo, cuando Bianca todavía estaba entre nosotros, físicamente decidimos que íbamos a tener un tercer hijo. Antes de que ella falleciera, tomamos la decisión de tener otro hijo porque entendíamos que quizás si Bianca vivía muchos años también, para Berni iba a ser muy difícil poder sostenerse solo como hermano.
Y para el más chico de la familia, siempre que podamos se la mencionamos, le mostramos fotos. Creo que no termina de entender dónde está, pero poco a poco lo va procesando.
-Respecto a eso, se animaron a tener otro hijo después de su pérdida
-Después se da el desenlace de que Bianca y con más razón, vamos a tener otro hijo. Y en el mismo mes en el que hubiera sido el primer cumple de Bianca, yo me entero que estaba embarazada de Boris, que es nuestro hijo arco iris. Y es un arco iris muy, muy brillante en todos los sentidos. Boris es muy especial. Yo siempre digo que es 2 por 1. Él tiene muchas cosas que lo diferencian de Berni. Boris es como una tormenta imparable y Berni, nuestro hijo más grande, es la templanza de hecha persona. Así que se complementan muy bien. Y Boris vino a recibir todo ese amor que nos estaba sobrando y a multiplicar todo el amor y todo lo que nos une como familia.
Hoy por hoy, siempre decimos que somos muy felices. Siempre lo fuimos, aún así todo con lo que nos tocó vivir con Bianca. Nunca perdimos de vista que seguíamos siendo una familia feliz, transitando un mal momento.
-Por último, hay una pregunta que es el hilo conductor de todas estas “Historias Vivas” y se llama “Sintientes”. ¿Qué se siente ser mamá de tres hijos cuando muchos piensan que son solo dos?
-Si te tengo que decir qué se siente ser mamá de tres, con solo dos que se ven a simple vista, se siente mucho poder. Yo me siento una mujer muy poderosa por haber podido salir adelante. Me siento muy afortunada de haber tenido la dicha de tener en la tierra por un rato uno de los ángeles del cielo.
Nos sentimos afortunados porque ella nos eligió y toleró cosas muy dolorosas o difíciles para un cuerpito tan pequeñito, solo para demostrarnos que también nos amaba y qué estaba dispuesta a aguantar por nosotros.
Ella terminó falleciendo el día que, sinceramente y de manera literal, yo le dije que la soltaba y que dejaba que ella se fuera, que si estaba cansada la mamá la iba a entender.
Siempre iba a entender que los hijos eran de la vida porque mi abuela paterna me lo había explicado, me lo había enseñado y al fin lo había entendido.
Por último, gratitud infinita por este espacio y por la posibilidad de contar nuestra historia que esperamos que quede para siempre en la memoria de todos los que queremos, de la misma forma que la llevamos nosotros a todos lados.





































