Una larga vigilia en la que solo hay lugar para la espera

La ruta 158, a su paso por el barrio Vista Verde, es un negro túnel en el sólo mirando hacia arriba, hacia las estrellas, se puede distraer un instante el impacto de la desolación.

Es el momento de la segunda vigilia. La primera fue la noche del miércoles, esperando tensamente dentro de sus casas la llegada de la crecida anunciada. Este otro era el tiempo de velar por ese paisaje mudo de las hogares usurpados por el río.

Las horas transcurridas entre la noche del jueves y el amanecer del viernes no se borrarán tan fácilmente de sus recuerdos. Algunos se fueron para no retorcerse en la impotencia. Otros decidieron quedarse sobre la ruta, en sus autos, en reposeras, con mate, café y un abrigo.

Una espera que no parece traer nada más que sosiego a la angustia de no poder con lo sucedido.

El barrio está sin servicio eléctrico, totalmente oscuro. Y la ruta también. Dos generadores rompen el silencio y aportan duros contraluces en los que apenas se mueven figuras indefinidas. Autos que van y vienen con sus luces azules girando. En la penumbra no se distingue quien es bombero, policía o agente municipal.

Dos chicas llevan una planilla y anotan a los del barrio que decidieron pasar allí la noche. Sonríen mientras toman datos y les colocan una cinta roja en la muñeca para que se pueda identificar a los que son de ahí y a los que no.

Un abuelo con una pequeña se acercan a lo que era una calle. Es tarde para ellos, pero ahí están. La pequeña parece curiosa. Al hombre no se le ven los ojos. De la mano se asoman a una bocacalle. Apenas un poquito. El agua sigue ahí, tal como estaba por la tarde, comprueban.

Otro grupo de vecinos se acerca al guardarrail. Apoyan las rodillas en la chapa y se inclinan levemente hacia adelante, como queriendo llegar hasta donde saben que no pueden. Con una linterna poderosa buscan algún signo de bajante, alguna marca que les sirva de referencia. Aunque sea un centímetro, pero lo que quieren es ver que el agua baja.

Faltan unas cuantas horas para que amanezca, y unos cuantos días para que todo pase. Mientras tanto, solo queda la espera.